Futuro Oficial™: lo que se cree que el futuro debe ser

Tiempo de lectura: 4 minutos

Escribe Elisabet Roselló

El futuro es un terreno político, en cierto modo. Cuando lo vemos u oímos mencionado en medios, aparece en muchas ocasiones en singular, aun. En la gran mayoría de ocasiones, la narrativa del futuro no varía mucho: robots, viajes espaciales, ciudades alzadas, superhumanos con poderes tecnológicos, y aderezos generosos de distopía y pesimismo.

Existe una gran laguna entre lo que se entiende es el futuro en los Estudios de Futuros (de aquellos que trabajamos con futuros en algún sentido) y la Física, con respecto a la visión común que casi todo el mundo tiene en mente junto a lo que difunden los grandes voceros de la tecnología.

En el último caso, la idea del futuro pre-escrito, pre-definido por una entidad divina o por el propio universo, o simplemente porque sí, porque cómo se va a entender de otra manera, establece un marco común desde el cual se construyen las ideas más recurrentes de lo que se supone debe ser el futuro. Esas ideas suelen cristalizarse en forma de lo que llamamos «imágenes», y luego narrativas. Y a su vez condensan nuestras expectativas del porvenir, de lo que debería ocurrir mañana.

En el primer caso, en los Estudios de Futuros, aparte de tener más que en cuenta el papel de las expectativas y las narrativas, desde hace décadas se descartó la idea de que el futuro es uno. Más aun, se reconoce que no existe. Y aun así se estudia, se trabaja y se celebra, pero en su pluralidad. Porque lo único que podemos esperar es que de algún modo, al menos durante millones de años a nuestro saber, el universo seguirá. Lo que no podemos saber es qué ocurrirá exactamente (de ahí que le tengamos un poco de manía a las predicciones). Se trabaja con varios conceptos que giran en torno a la idea de abanico de posibilidades y probabilidades. Quizá te suenen los conos de futuros.

Fuente del cono perdida por Internet, una de las mil versiones

A la idea más mainstream o popular de lo que se supone es o debe ser el futuro, se le suele llamar en jerga futurista «Futuro Oficial» (aquí encontrarás un glosario más amplio de diferentes tipos de futuros).

Y ahora alguien lanzará como contra-argumento, al menos desde que somos posmodernos, capitalistas tardíos o como nos queramos entender post-años 60, la mirada al futuro se diversificó en 2 grandes corrientes: la pesimista (distópica y/o apocalíptica) e incluso negacionista (No future posible para una gran mayoría), y una más o menos optimista que aboga por que estamos ahí, ahí, en aquello llamado «Fin de la Historia», y todo es comodidad y abundancia smart. O no será.

Sin embargo, todo esto va sostenido por una estructura mental (o ideológica común) que descarta que haya una contradicción. Ambas miradas polarizadas del futuro (la visión distópica y apocalíptica vs la vertiente más optimista), que se supone deberían ser dos propuestas alternativas, quedan cosidas entre sí con las mismas imágenes de futuro que comparten (los robots, los rascacielos, la colonización del espacio…). Como cuesta negar que el futuro exista, y se entiende como un espacio final al que se llegará inevitablemente, esta relativa diversidad de miradas se entienden como un debate, en el fondo, de lo que es el Futuro Oficial. Pero no lo desmontan realmente. Lo mantienen y lo reconocen al repetir las mismas ideas aunque sea desde sus sombras y luces.

Así pues, puedes encontrarte a una persona que opine que el futuro será «muy Black Mirror», y otra que te diga que «las IAs generarán trabajo, el IoT facilitará todo y hay mil motivos para ser optimistas», y ambas personas estarán usando los mismos iconos y relatos comunes. Es por eso que en cierto modo, aunque parezca que haya diversidad en el plano mainstream, aun seguimos con poca variabilidad de miradas.

Como comentaba en otro artículo, muchos de los iconos, relatos y símbolos recurrentes del futuro tienen cerca o más de un siglo de antigüedad, gestados cuando la Segunda Revolución Industrial. Respondían a otra sociedad, otra realidad, otras posibilidades. Pero por ahora nos hemos limitado a perseguirlas, renovarlas con chapa y pintura futurista (a lo blancura futura), y reproducirlas. Aunque como explicaré en otro artículo más adelante, sí se han creado márgenes con miradas bien frescas o alternativas.

Eso que llamamos Futuro Oficial es un espacio importante a tener en cuenta porque de ahí dependen las expectativas, los deseos, los anhelos y temores del porvenir. En ocasiones también es aplicable a las asunciones que organizaciones o colectivos de personas, más reducidos, hacen de sí mismos: el futuro que esperamos tener en previsión a las tendencias y patrones actuales, así como los deseos, que se contemplan.

Es importante por dos grandes motivos. El primero, porque aunque el relato ha tenido pocas variaciones en su estructura a lo largo de décadas, entenderlo o incluso tener la capacidad de estirarlo, estrecharlo o modificarlo permite estirar, estrechar o dirigir las expectativas de un conjunto social amplio hacia un rincón u otro. Sí, va ligado a la percepción política en parte. No por nada está rebrotando en los grandes eventos de tecnología y economía un amplio interés en futuros.

El segundo, para las y los que trabajan(mos) con futuros, es importante reconocer el punto de partida y las asunciones que tienen las personas a las que nos dirigimos, para poder facilitar mejor un desarrollo de ejercicios más provechoso.

Sin embargo, hay alternativas al Futuro Oficial, y alternativas para aprender a pensar exclusivamente desde el Futuro Oficial para prepararse. Porque estamos en tiempos muy raros, convulsos y con necesidades distintas a cuando ese Futuro Oficial comenzó a ser gestado (de manera orgánica, por eso).

Reconocer miradas y propuestas que se generan en otros espacios (sobre todo desde otras miradas culturales, como el Afrofuturismo) es clave incluso si despierta incomodidad o incredulidad. Reconocer las asunciones y expectativas que nos bloquean en prepararse para el mañana. Todo esto es necesario por múltiples razones, como por ejemplo:

  • pensar desde la diversidad porque, al fin y al cabo, 7 mil millones y pico de humanos hiperconectados con todo tipo de vivencias, contextos y necesidades dan para muy diversas realidades
  • Como no hay un solo futuro posible, y cada vez más lo más imprevisible o «implausible» tiende a materializarse (por ejemplo, que Trump es presidente), cuanta más capacidad de pensar divergentemente en futuros, mejor
  • Ser más críticas con las propuestas de futuros y las predicciones que nos sirven en bandeja de plata

Necesitamos sobrepasar el Futuro Oficial, porque se ha quedado bloqueado y sin ningún tipo de evolución real, para dar con futuros que sí respondan a las necesidades que tenemos ahora. Incluso desde el punto de vista de organizaciones, pero también como sociedad(es) en estos tiempos tan complejos que nos han tocado vivir. Quedarse con un solo futuro es poco precavido.

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Artículo publicado originalmente por su autora el 25 febrero de 2019 en Postfuturear.com bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 4.0.

Imagen original by StockSnap from Pixabay

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