Señor abogado

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Escribe Juan Luis Martínez C.

 

De todas las interacciones que se producen en una organización al trabajar en Innovación, transformación o diseño, de las que más formalidades utilizan es la que involucra a áreas legales o jurídicas o fiscalía o como se les llame internamente. Al fin, donde haya abogados.

Lo que más escucho es una frase que deja a todo sin palabras y a veces con la mirada congelada: “tiene que verlo legal (o jurídica)”. Básicamente de ello se deduce que se les enviará algo y se esperará una respuesta. Cuando preguntó ¿puedo reunirme con ellos? la respuesta es un “no se puede” o similar, apostillado por un cambio de tema.

En todos los proyectos de diseño, innovación o transformación en los que hemos trabajado tratamos hacer participar a la mayor cantidad de personas posibles y en general hay acceso a todos, lo que da buenos resultados, pero hasta hace algún tiempo los abogados fueron un área que no se invitaba a pesar que siempre los hemos propuesto.

Hablo de la participación en innovación, en diseño de nuevos productos y servicios y en procesos de transformación, es decir, directamente temas de negocio. No me refiero a la digitalización de papeles o procedimientos, eso es forma y no fondo.

Las razones iban desde un “no les interesa” hasta un “no es necesario, están en otra cosa”. Sin embargo, a medida que se avanza de una manera u otra comenzamos a tratar con regulaciones, leyes, reglamentos y otros, de los que nadie es capaz de dar una respuesta concreta por lo que volvemos a “hay que preguntarle a legal”.

En cierto, muchas áreas de una organización tratan de sacar a otras de los proyectos. La mayoría de las veces logramos impedirlo, pero lo de hablar con los abogados siempre fue lo más difícil. Aunque debo decir, siendo justos, que nunca recibí de ellos un no directo.

 

¿Qué responsabilidades tienen los abogados en su fama?

Sin duda muchas, pero como en todo depende de las personas, no debe ser ni es un tema de profesión. Aunque los prejuicios y las costumbres aportan mucho. Como me mencionó un abogado: “hay abogados que reman y otros que ni siquiera se suben al bote”. !Como en todas las profesiones!

He estado con un fiscal, a punto de jubilar, con mayor visión de futuro, apertura al potencial de la tecnología y centrados en clientes/personas que muchos de los que deben guiar los cambios tecnológicos. Comenzamos hablando de las maravillas para el negocio de la tecnología, pero terminamos entretenidos hablando de cultura, organización y personas.

En el otro extremo también me ha tocado hablar con abogados llenos de papeles, obsesionados por la evidencia física, que no se acercan al problema sino que sólo al propio procedimiento, con una definición del usuario/cliente no sólo desde la desconfianza sino que directamente desde el desinterés en considerarlo una persona con una vida o con un trabajo en el que cumplir. Y como me dijo uno, joven aún, sin pestañear: “siempre se ha hecho así y no podemos cambiarlo” ¿por qué? “por que no es necesario, funciona.”. A su favor queda que no sólo se lo escuchado a él, también a informáticos, comerciales y muchos otros en diferentes áreas.

Por tanto tenemos de todos los tipos, los que reman, los que no se suben al bote, las imágenes de la profesión como “seria” y las costumbres en trato que se dan al interior de las organizaciones.

 

¿Dónde puede estar el fallo?

Veamos. Si a los abogados les preguntamos si algo se puede hacer, o no, responderán lo que se ha preguntado: si se puede hacer o no. Si preguntamos por lo que existe no podemos esperar respuestas por lo que podría existir.

Si a eso sumamos que la pregunta puede estar mal formulada, o mal contextualizada, la respuesta lo más seguro es que venga en un plano distinto del que se está haciendo.

Por otro lado, si los abogados se niegan  a ir a reuniones que hablan de negocio más allá de sus “propias” funciones y el resto de las áreas deja de invitarlos “porque no es necesario”, tenemos el escenario perfecto para que nada funcione. Se necesitan todos, a no dudarlo.

 

¿Por dónde empezar?

La solución obvia: integrar las áreas legales desde un principio. Funciona muy bien con quienes no se resisten. Si que tienen ganas de participar. Y hace muy bien que entiendan cómo se define el problema, que empaticen con los usuarios/clientes, y que tengan claro el impacto de las decisiones.

Siempre será necesario aclarar los roles y las expectativas. No se trata que digan si algo se puede o no hacer, en las condiciones actuales. Es un obvio que debe ser superado con alternativas, con la comprensión de que buscamos, con formas de integrar tecnología, nuevas prácticas y nuevas formas de relación. Se trata de buscar interacciones que pueden ser distintas según quienes las utilicen.

Y para con los reacios o que se esconden y que transmiten que no están para lo pedestre, sólo queda asegurarse que no es una pose de profesión, que muchas la tienen, y hablar directa y distendidamente. Si tienen la mala suerte de encontrarse con quienes no han visto que la vida cambia, siempre y para siempre, sólo queda insistir en la invitación. Y ser pacientes y creativos.

 

Bienvenido señor abogado, se espera que participe.

Esa es la conclusión, bienvenidas áreas jurídicas a la innovación y la transformación.

En un negocio o servicio público, todas las áreas son parte del negocio en alguna medida. En lo que a cada uno le corresponde o están en el corazón del negocio o hacen que este pueda “rodar” y mantenerse.

Los problemas que un negocio enfrenta es por definición sistémico y todos deben entenderlo y aportar. El propio aporte queda claro en la medida que entendemos el rol de todos en lo que nos une: el negocio o el servicio que compartimos.

Es responsabilidad de cada área, y eso trasciende a la profesión, buscar y pedir su espacio en procesos de innovación y transformación. Saber que son parte de un todo y que cada tarea depende de las de otros y sobre todo de la forma en que entendamos y nos relacionemos con nuestros usuarios clientes. A partir de ahí, todo se hará más simple.

 

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